Entre libros y vetos: las entrañas de la FILEM

A la Feria Internacional del Libro del Estado de México (FILEM) la rodean la desorganización, el desconocimiento, la discrecionalidad y también, gravemente, la intimidación, la amenaza velada que funciona porque explota mecanismos de poder que impiden la respuesta del intimidado.

Por ello, algunos participantes de esta feria, quienes han denunciado maltratos y amenazas, piden anonimato; ellos y ellas son profesionales del libro cuya experiencia y participación en ferias de este tipo es constante y un “veto” les afecta de manera importante.

Esta forma de ser de la FILEM es la proyección de una dependencia que administra de ese modo porque, de acuerdo con diversos testimonios, en la Secretaría de Cultura y Turismo del Estado de México, aunque sea ilegal, el empleado, colaborador o artista que disiente pierde su trabajo; quien se niega a “apoyar” es despedido; el gestor que piensa distinto ya no es considerado para las actividades; el expositor que hace un reclamo, en público o en privado, es “vetado”.

Al respecto de la FILEM, Julián (hemos cambiado el nombre por las razones antes mencionadas) dice que le aceptaron algunas de sus actividades propuestas para la FILEM vía oficio, sin embargo, algunos días después le informaron, también por escrito, que su participación había sido cancelada por razones de espacio, aún cuando el programa, por cierto, publicado y modificado reiteradas veces, presentaba espacios que señalaban una “actividad sorpresa”.

Julián dice que él había realizado gestiones y adquirido compromisos para cumplir con las presentaciones que ya le habían aceptado, y tuvo que cancelarlos ante la negativa oficial:

«La Secretaría de Cultura y Turismo a través de esta Dirección de Patrimonio Cultural agradece sinceramente la disposición y el entusiasmo que tuvo para participar en la décima segunda edición de la Feria […] lamentablemente, debido a algunos ajustes que se realizaron en la programación y organización de esta edición, nos han informado que su participación ya no podrá llevarse a cabo en esta ocasión»

El oficio no dice quién “ha informado” y tampoco explica por qué, posteriormente, las llamadas que hizo Julián para conocer detalles fueron contestados de manera grosera y con maltrato.

Lupita (este nombre también fue cambiado), quien tiene una larga trayectoria no sólo como editora y comercializadora de libros, sino como gestora cultural, un par de días antes de comenzar la feria no tenía un lugar asignado, tampoco pudo hablar con alguien que le diera respuestas: una llamada aislada que no le pudo resolver ninguna de sus preguntas y una conversación con alguien del Consejo Editorial de la Administración Pública Estatal (CEAPE) en la que fue maltratada, la dejaron con mal sabor de boca.

La FILEM reluce porque no se le ven las entrañas, pero eso no significa que no exista descomposición, falta de criterio en la programación, carencia de recursos para traslados o alimentación de los invitados y abuso hacia los empleados son algunas de las cosas que suceden detrás, aseguran testimonios.

Uno de los casos más graves que ejemplifican las políticas deficientes y desarticuladas de la Secretaría de Cultura es el de Rodrigo Fabela Teja, trabajador del Instituto de Investigación y Fomento a las Artesanías de esa dependencia, quien fue desaparecido en el municipio mexiquense de Ixtapan de la Sal mientras cumplía el encargo, “sin oficio de comisión”, para trabajar en los programas llamados Destinos Futboleros. Hasta el momento no hay reporte conocido de que Rodrigo haya sido localizado.

Para este programa, los empleados fueron “invitados” a trabajar días completos en este proyecto de la Secretaría sin pago adicional y en condiciones precarias, en zonas peligrosas con presencia comprobada del crimen organizado. Rodrigo, hasta donde se sabe, no tuvo ningún tipo de apoyo por parte de la Secretaría aún cuando cumplía un encargo que incumplía las normas elementales de seguridad laboral, que agravan las ya de por si desventajosas condiciones de los contratos desventajosos que utiliza la Secretaría.

Otro ejemplo de gestión abusiva, prepotente y de maña calidad es el del festival mensual Transformarte, que se sostiene con el esfuerzo de los empleados de la Secretaría, quienes desde temprana hora atienden a los asistentes, en ocasiones deben acudir los dos días de su fin de semana sin pago adicional por trabajo extra, a veces, sólo con acuerdos internos de “reponer” los días trabajados con tiempo. Esos fines de semana los empleados deben despedirse, a modo de pase de lista, personalmente de Dayán Morales, secretario particular de Nelly Carrasco, la secretaria de Cultura y Turismo.

Con relación a la FILEM, Lupita dice que el programa 2026 muestra discrecionalidad y que los funcionarios deciden al elenco y priorizan según intereses. Esto resulta fácil de comprobar no solo en esta feria, pues en otras ferias del libro en las que participa el Consejo Editorial, por mencionar un ejemplo, se ha programado la presentación del libro Ángel Barrios, un texcocano en la Revolución Mexicana, autoría de Martha Ortega.

Mientras otros autores y autoras quedaron fuera de la programación por falta de espacio, este cuadernillo se presentó en la reciente edición de Minería y también en la Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia, la principal virtud de Martha Ortega es ser la madre de Sérpico Vladimir Francisco José Contla Ortega, secretario ejecutivo del Consejo Editorial de la Administración Pública Estatal, instancia que participa de manera importante en la organización y planeación de la FILEM. Ella también fue jurado, pagado, del Certamen de Crónica al que convoca el Consejo.

Por otro lado, ocupa espacio estelar en el programa de la FILEM la propia secretaria de Cultura Nelly Carrasco, anunciada en el ciclo “Charlas Mujeres que inspiran”. Al respecto, considera Arturo, otro editor y participante, quien también pide anonimato, que no es apropiado usar el espacio para la autopromoción.

En sus redes sociales, el director de la Editorial Iberoamericana Literaelia reflexiona sobre la forma en que se llevó a cabo el proceso de organización de la FILEM:

“Quiero dejar algo claro desde el principio: esta reflexión no nace porque nuestra editorial no haya sido seleccionada. Toda convocatoria implica decisiones que pueden gustar o no, pero que deben respetarse. Lo que sí considero criticable es la falta de información y comunicación durante el proceso.

La convocatoria se abrió y muchos enviamos nuestra documentación cuando todavía no estaba claro ni siquiera cuándo se llevaría a cabo la feria. Pasaron las semanas y la información seguía siendo escasa. No se publicó una relación clara de editoriales aceptadas o rechazadas, tampoco llegaron respuestas formales para todos los participantes y, mientras tanto, el inicio del evento estaba cada vez más cerca. Para quienes trabajamos en el ámbito editorial, donde la planeación de traslados, inventarios, actividades y recursos requiere tiempo, esta situación resultó cuando menos desconcertante. Más aún considerando que se trata de una feria impulsada con recursos públicos, donde la comunicación y la transparencia deberían ser aspectos fundamentales. A esto se suma que el programa de actividades fue dado a conocer apenas unos días antes de la inauguración, algo que inevitablemente provoca preguntas sobre el nivel de planeación con el que se está trabajando”.

El editor se pregunta cómo se evaluaron las propuestas recibidas, dice que Editorial Iberoamericana Literaelia nació en Toluca y ha desarrollado desde esta ciudad buena parte de su trabajo cultural y editorial.

“Deseo sinceramente que la FILEM sea un éxito y que los lectores disfruten de los libros, las presentaciones y el encuentro con autores. Pero también considero que una feria del libro no se mide únicamente por la calidad de sus invitados o por la cantidad de actividades programadas. También se mide por la manera en que trata a las editoriales, autores y gestores culturales que buscan participar en ella. Porque al final no cuestiono el resultado de la convocatoria; cuestiono la falta de claridad del proceso y la ausencia de comunicación. Y cuando se trata de un proyecto sostenido con recursos públicos, la transparencia debería ser la regla y no la excepción”.

Los editores y el público lector que ha hablado con quien esto escribe comparten esa opinión, porque una feria del libro siempre es una buena noticia y debiera ser, por definición, un espacio de discusión con cabida para diversas manifestaciones y formas distintas de pensar; si fuera así, entonces Julián, Lupita y Arturo podrían revelar sus verdaderos nombres y las personas con experiencia podrían abonar a la organización y programación.

Mientras tanto, en su arranque, esta edición de la FILEM, igual que la del año anterior, llegó tarde. Un día antes de la apertura, los expositores recibieron el mobiliario poco después de las 20:00 y a las 18:20 h del primer día, cuando ya los visitantes paseaban por el recinto, el foro Infantil y Juvenil no estaba aún habilitado y la actividad de apertura, en la que participaría María Rojo fue cancelada, aún más grave, editoriales de importancia histórica y gran relevancia, como TunAstral, no tuvieron un estand en esta edición de FILEM, lo cual es cuestionable, principalmente si estuviera relacionado con la decisión personal del titular del Consejo Editorial.

Muchas personas irán a la FILEM, tendrán la oportunidad de asistir a algunas actividades, algunas buenas actividades, pero no podrán mirar tras bambalinas ni saber si la feria forma parte de la política cultural que merece el Estado de México, o si los libros que ha editado el FOEM en las últimas fechas responden a la política para la que fue creado:

“Definir criterios para evaluar la calidad en el contenido de las publicaciones en función del perfil de los lectores a quienes se destina cada producto y vincular a los autores con la sociedad, así como fijar metas de eficiencia en la distribución de las ediciones impresas y electrónicas…”.

A la FILEM, los editores le desean éxito y hacen votos para que mejore la organización y los procedimientos; los trabajadores conversan sobre sus condiciones laborales, pero por ningún motivo pueden decirlo en voz alta.

Por Lía Ramírez.

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