Soberanía a costa de los recursos: la amenaza del extractivismo en México

Toda fracturación hidráulica o fracking causa daño ambiental porque gasta millones de litros de agua, contamina acuíferos subterráneos con químicos tóxicos, libera gases de efecto invernadero y puede provocar sismos locales.

En 2018, Alejandro Bezanilla Morlot, académico del Centro de Ciencias de la Atmósfera (CCA) de la UNAM mencionó que “esta técnica contamina las aguas subterráneas, libera a la atmósfera gases de efecto invernadero como el metano, induce la actividad sísmica y consume grandes cantidades de agua que no se pueden volver a utilizar”.

Sin embargo, esta mañana en la conferencia matutina de Claudia Sheinbaum fueron investigadores de la UNAM quienes entreabrieron la puerta para dar paso a esta estrategia que el gobierno federal ha adornado con las palabras “soberanía energética”.

Pese a la promesa de campaña de no explotar hidrocarburos, Sheinbaum ha establecido una estrategia de “legitimización” del fracking utilizando a 54 científicos de diversas instituciones para avalar el avance de esta técnica depredadora del medio ambiente.

Aunque dicha comisión presentó, en voz de José Antonio Hernández, director de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, diez recomendaciones que “previenen” el impacto, todo indica que se trata de formalidades para avanzar en técnicas cuya devastación ha sido atestiguada y comprobada en distintos lugares del mundo.

World Wildlife Fund, conocida en español como el Fondo Mundial para la Naturaleza, menciona que “hasta el momento, no hay certeza científica de que los impactos de dicha práctica son evitables o mitigables, por ello, se debe recurrir al principio de precaución y no adelantar proyectos de este tipo”.
El País menciona que México ha utilizado la fractura hidráulica en 8.000 pozos petroleros.

En comunidades como Neuquén en Argentina, este tipo de extracción ha generado no solo contaminación ambiental sino efectos en la salud pública de los habitantes por el tratamiento que se ha dado a los residuos de estos procesos.

El País menciona que México ha utilizado la fractura hidráulica en 8 mil pozos petroleros con consecuencias para la comunidad y para el ambiente.

En la conferencia se dio a conocer que este método podría ser aprovechado en las cuencas de Burgos, ubicada en el noreste de Tamaulipas y Sabinas-Burro-Picachos, en Coahuila y Nuevo León.

La Universidad Iberoamericana analiza los impactos sociales, ambientales y de derechos humanos de esta práctica del modelo de extractivismo en el el documento “¿Fracking en México? Estos son los riesgos del extractivismo documentados por la IBERO”, donde señala que la fractura hidráulica para extraer gas o petróleo implica la explotación intensiva de recursos naturales con impactos ambientales y sociales potencialmente severos.

El camino hacia el extractivismo continúa, se ha anunciado que el siguiente paso es hacer exploraciones para saber si hay agua salada que pueda utilizarse, no obstante la puerta ha sido abierta y en la historia los proyectos de explotación han pasado por encima del bienestar de las comunidades y las personas, en este contexto es necesario no olvidar, como menciona la investigación de la Universidad Iberoamericana: “el extractivismo es un modelo sociopolítico caracterizado por la explotación intensiva y generalmente exhaustiva de bienes naturales, los cuales son extraídos para sostener los mercados globales, muchas veces con poco procesamiento y altos impactos sociales y ambientales”.

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