Por: Odalys Sánchez
Durante las semanas previas a la fiesta patronal de San Francisco Tlalcilalcalpan, en el valle de Toluca, la familia Mangú y sus amigos no descansan. Gracias a una combinación de trabajo arduo y devoción, cumplen con los últimos detalles que dieron forma a los disfraces que utilizaron en el Paseo de Pregoneros realizado este fin de semana.
Es 8 de octubre y frente a la casa de los Mangú han estacionado el tractor que encabezará el recorrido durante todo ese día. Decenas de flores y otros artilugios decoran la máquina, que se considera una extensión viva de la celebración, listo para llevar a los más pequeños de la familia; a los músicos de grandes tamboras y a los exhaustos que deberán descansar un momento, durante el recorrido. A la altura de la caseta del tractor han colocado un cartel tan colorido como todo, que dice TEAM K-RAZ, y que se refiere precisamente al equipo que hace posible este recorrido, al que se le conoce popularmente como la Fiesta de los Locos.

Los Mangú son parte de las familias que durante generaciones han organizado este desfile. Le han dado forma y renombre, y por eso su participación es esperada con entusiasmo. Ellos lo saben y por eso, también, dedican todo el año para prepararse y estar listos. Ellos son pregoneros y sus vestimentas son fastuosas.
Antes de salir, la familia se ha reunido en la casa familiar, muy de mañana. En la sala de la vivienda está Jaqueline Carbajal, a quien aplican un elaborado maquillaje que la transformará de manera radical. Ahora mismo, su rostro es cuidadosamente esculpido con pintura azul brillante y le han colocado heridas falsas que recorren una de sus mejillas. El peinado alto y platinado hace juego con su vestido lentejuelado. Cuenta que es la segunda ocasión que se caracteriza de esta manera; sin embargo, tuvieron que pasar años para que se decidiera a usar un disfraz tan elaborado. El nivel de complejidad del atuendo la obligó a despertarse a las cuatro de la mañana para comenzar su transformación. Mientras terminaban de colocarle unas enormes alas en la espalda, dijo que deseaba llegar con bien a la iglesia, deseando que los asistentes disfrutaran tanto como ella de ese disfraz.

Además de los disfraces, en estas festividades también interviene la música, y de eso José Manuel Romero sabe mucho. Forma parte de la Banda Romero, la tercera generación de su familia que abraza los instrumentos y comenta que sus nietos están por realizar el cuarto relevo. Hace más de 30 años, aproximadamente, que la banda se ha dedicado a ambientar la marcha de diferentes grupos de pregoneros en la festividad de San Francisco. Otro Romero, que no ha dicho su nombre pero sí su apellido, señala que para él es un orgullo que “los locos” bailen con su música y disfruten como ellos lo hacen.

La solidaridad y el apoyo resultan imprescindibles a la hora de colocarse los trajes. Y es que nada más para ponerse una pesada máscara en la que se ve la cara de un demonio, es necesaria la ayuda de hasta dos personas. Entre el disfraz completo y los zancos, que también llevan algunos pregoneros, se alcanza alturas de más de dos metros. Al igual que las mujeres, los hombres también usan unas enormes alas, pero las de ellos son fabricadas en piel.

Cuando la banda se arranca con la música, hasta los pregoneros más pequeños comienzan a moverse dentro de su disfraz. Cada tamborazo quiere decir que falta menos para el gran debut de los TEAM K-RAZ.
Ameyali Mangú forma parte de esta tradición familiar y afirma que ha participado desde que tiene memoria. A pesar de que llevan organizándose todo el año, los últimos días se alargan en cansadas jornadas que deben cumplirse para estar a tiempo. Ella menciona que el propio público representa uno de los mayores obstáculos en el recorrido, porque llega a aventarles bolas de harina y espuma, que les dificulta la visibilidad.

Edith, la estilista contratada por el TEAM K-RAZ, se pone de acuerdo con las pregoneras para que el peinado combine con los disfraces. Ella comienza a trabajar desde las tres de la mañana y se asegura de que las extensiones y peinados cumplan con el boceto realizado con antelación. En sus manos se ponen las cabelleras de todas las mujeres de la agrupación y aunque el tiempo va en su contra, realiza su trabajo con amabilidad y dedicación.

Joel Mangú, a quien le dicen “El K-raz”, es el líder de la familia en lo que se refiere a las actividades de la tradición. Lleva 42 años en estas lides y junto a su hijo “Gama”, que es escultor, trabaja en la realización de los ingeniosos y creativos disfraces. Ellos hacen desde el moldeado de las vestimentas hasta que están totalmente terminadas, meramente por devoción, sin ánimo de lucro.

Antes de emprender el recorrido, los familiares y amigos se toman fotos con los pregoneros. Orgullosos, admiran el trabajo que sólo ellos saben cuánto les ha costado.
Ahora sí, todo está listo. Convertidos en criaturas imposibles, los Mangú y el equipo que los acompaña toman la calle y se dirigen al desfile de San Francisco. Adelante va el tractor, como la cabeza de un fantástico animal multicolor que va deslizándose por las calles del pueblo.



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