#8M | Entre consignas, humo violeta y carteles mujeres tomaron las calles en Toluca

Texto: Jeanette Estrada
Fotografía: Fanny Aldana

“Las mujeres trabajando también están luchando”, gritaron las manifestantes durante la marcha del 8 de marzo en Toluca.

Desde las puertas de comercios, algunas trabajadoras levantaron el puño o aplaudieron mientras la movilización avanzó por las principales calles de Toluca. Vendedoras ambulantes también se unieron a la marcha y mostraron su apoyo con su pañuelo morado en el cuello sin descuidar su puesto de dulces, raspados o congeladas.

Miles de mujeres salieron a las calles en una ciudad de la que muchos dicen que lo mejor es irse. ¿Irse porque aquí pesa una alerta de género por feminicidios y otra por desaparición de mujeres? ¿Irse porque la mayoría de las mujeres trabajadoras ganan apenas el salario mínimo? o ¿irse porque no pueden pagar una de las universidades públicas más caras del país?

Cuando la marcha avanzó entre carteles y humos violetas, las cocineras de un restaurante se asomaron a la salida con su filipina y su delantal. Tenían el puño en alto para mostrar su solidaridad. Quizá la sonrisa en su rostro reflejaba la alegría de saber que algunas toman las calles para exigir una vida más digna para todas.

“No me des un día, dame mis derechos”, decía el cartel verde fluorescente de una de las manifestantes, porque aunque el capitalismo ha intentado reivindicar el 8M y quitarle su carácter político, algunas saben que no basta un día para luchar si las condiciones estructurales no cambian.

No basta un día si las mujeres siguen siendo asesinadas en sus universidades, en el transporte público o en sus centros de trabajo. No basta un día si sus condiciones laborales siguen siendo pésimas y no les permiten salir de contextos de violencia psicológica, física o de cualquier tipo. No basta un día si siguen siendo acosadas en los espacios que habitan y transitan. No basta un día si las mujeres son explotadas y oprimidas, mientras que las autoridades estatales y municipales les dan largas cuando se presentan con pliegos petitorios en cada manifestación. Y entonces el grito se escuchó fuerte: “y venga, y venga, y venga compañera que aquí se está luchando por una vida nueva”.

Otra trabajadora sostenía entre sus manos un pañuelo morado con el simbolo feminista y la consigna “Ni una menos”. Todas las demás se emocionaban, gritaban, reían, se sentían apoyadas. La mujer que sostenía el pañuelo es empleada de la gasolinera Red Gasolina. El salario promedio de una despachadora oscila entre los cuatro y ocho mil pesos al mes, salario que no llega ni al mínimo, pero que sí implica una jornada completa. Precariedad laboral, explotación. ¿Qué lleva a aceptar un trabajo así? Su rostro es el de una mujer joven, se ve alegre. Su historia, sus condiciones la hacen apoyar este movimiento.

Entre tambores, gritos y carteles la manifestación llegó al palacio de gobierno del Estado de México. El edificio estuvo protegido con vallas metálicas y cientos de policías preparados para rociar polvo de extintor si las manifestantes se acercaban.

“No hay murallas tan altas que mujeres organizadas no puedan derrumbar”, pintaron en las vallas que se colocaron para proteger el Palacio Nacional un 8M.

Efectivamente, luego de un rato, mujeres encapuchadas empujaron las murallas que protegían el edificio desde donde se gobierna el Estado de México. Entidad donde abundan las alertas por feminicidio y desaparición de mujeres. Entidad gobernada por una mujer, Delfina Gómez.

Aunque casi todo está en contra, el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, miles de mujeres se apropiaron de las calles de una ciudad de la que se afirma que lo mejor es irse.

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