Por Lía Ramírez
Alguna vez, la poeta María Auxiliadora Álvarez me dijo que la violencia se iba recrudecer porque al sistema patriarcal no le iba a gustar que las mujeres alzaran la voz, que tomaran lugares que antes no tenían, que dijeran lo que no les gusta, que acusaran a sus agresores… que se defendieran.
Y así ha sido, los cuerpos de muchas mujeres asesinadas muestran los embates de un enojo desmedido, por ejemplo, en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos están en paro porque una estudiante, Kimberly Joselín Ramos Beltrán, fue desaparecida del campus y hallada muerta unos días después, repito: fue desaparecida dentro del campus. Tres días después, Karol Toledo Gómez, otra estudiante de 19 años desaparecida desde el 2 de marzo, también fue encontrada muerta.
Como si esto no fuera suficiente, que lo es, los y las jóvenes que tienen cerradas las instalaciones para exigir seguridad dentro del campus, han sido amenazados con que desaparecerán a más mujeres: «una por cada Facultad que tomen».
En México, según datos de Cimac, en enero de 2026 se registraron 51 feminicidios, 51, un número que como dato frío se desdibuja pero que si se piensa en la persona: hija, madre, hermana, sobrina, tía… es aterrador.
En febrero de 2026 se reportaron 54 feminicidios, y las entidades más afectadas fueron Sinaloa, Ciudad de México, Estado de México y Tamaulipas.
Digo feminicidios y no desapariciones o agresiones, porque desde el discurso oficial federal se ha decidido que el crimen, si es pasional, pues no está tan mal: “no es el crimen organizado quien la mató”; así, la reciente muerte de Rubí Patricia Gómez Tagle, una madre buscadora, está justificada de alguna manera: la mató alguien conocido, dicen.

Luego del 8 de marzo, los comentarios en las redes sociales han sido numerosos e impregnados de odio hacia las mujeres que pintaron, destruyeron o, simplemente, marcharon: “Las demandas son válidas, pero no son las formas”, dicen. Las formas serán, desde su perspectiva, quizá un oficio o una súplica ¿cuál es la forma de pedir que busquen a una mujer desaparecida? El hecho es que las formas no son simplemente esperar a que hagan algo porque no -todos y todas lo saben- no lo harán.
Así, hombres y mujeres insultan, agreden y denostan al bloque negro porque pintan los muros o monumentos que el resto del año nadie, absolutamente nadie, nota y que, al final, representan al sistema, el mismo que traspapela no sólo oficios sino carpetas de investigación completas y defiende a agresores influyentes que han cometido un delito.
Una inusitada preocupación por los grupos policiacos que “defienden” los edificios se hace patente, también por los trabajadores de limpia, que no tardan en desaparecer las pintas con nombres de abusadores o las que dicen “gobierno feminicida”.

El 8 de marzo las mujeres se ven, toman el espacio, en muchos lugares se conforman contingentes separatistas, es decir, sólo para mujeres, para denunciar el sistema patriarcal que normaliza la violencia y expone la misoginia, con ello se logra la visibilización que requiere el movimiento.
También desde las redes el sistema patriarcal pretende silenciar el activismo, y pelea por mantenerse, cualquier argumento, por absurdo, violento e injustificado que parezca, pretende mantener la institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres y la infancias: no quiere ceder.
Sin embargo, la causas de un movimiento feminista, más allá de las diversas teorías, existen y se agravan, por eso mi alumna quiso ir a la marcha, aunque nunca antes lo hubiera hecho, por eso la jefa de mi amiga también marchó.
Las mujeres se suman porque las razones son válidas: el 7 de marzo una joven fue encontrada muerta en su departamento, antier el cuerpo de una más, con huellas de violencia sexual, fue hallada en una carretera; antes de ayer una menor de edad fue localizada dentro de una cisterna.
En 2015, Umberto Eco dijo que “las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”, la intolerancia con la que se expresan en las redes reúne algo de esto: un sistema patriarcal que se defiende y opiniones cargadas de violencia, quizá sin conocimiento de causa.
La historia dice que el feminismo ha servido, en diversas medidas, para que las mujeres sean reconocidas como sujetos de derecho, a pesar de las críticas de su momento se ha logrado el derecho al voto, el acceso a la educación superior. al trabajo remunerado y el establecimiento de leyes contra la violencia de género y el feminicidio, así como el reconocimiento de derechos sexuales y reproductivos.
Es una etapa difícil porque además de la exigencia al Estado se ejerce una lucha contra la normalización, la impunidad, los machismos, los micromachismos y las redes sociales… falta tiempo y mucho por hacer, pero el patriarcado va a caer, porque lo vamos a tirar.



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