Por: Karla Valdespino
Desde que vi las primeras imágenes del ataque a Venezuela, no he dejado de pensar en David. Me pregunto cómo lo estará pasando; cuáles serán sus impresiones sobre todo este caos. Les cuento:
David, un joven de 23 años, llegó al albergue junto con su hija de dos años y su pareja, quien estaba embarazada de seis meses.
David estaba espantado y la única manera que tenía de responder a todo lo que estaba viviendo era con agresividad y no permitió que lleváramos a su pareja al médico para una revisión de rutina; por la noche la chica se puso grave y tuvo que ser trasladada al hospital en ambulancia. La situación se complicó y nació el bebé muy delicado. Después de varias semanas, y de ir en albergue en albergue, el bebé murió. David pidió ser deportado a Venezuela junto con su hija. Su, ahora expareja, decidió seguir el camino hacia el sueño americano.
Regresó al lugar del que tanto trabajo le costó salir. En los días de hospital, David me contó que quería alejar a su hija de la pobreza, del hambre, de la inseguridad… del sistema que los hizo invisibles. No lo logró. Su paso por el Darién fue en vano.
Porque, aunque la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) diga que Venezuela posee el mayor crecimiento en Latinoamérica, David nunca lo vivió, su hija no lo disfrutaba… La pobreza extrema era su día a día.
¿Festejar la invasión de Trump? ¿Creer que en realidad habrá libertad? ¿Considerar que la democracia llegará? Sería justificar y respaldar al repugnante ser que ha apoyado el genocidio en Gaza; que ha propiciado los bombardeos en Nigeria y ha enviado a migrantes a Guantánamo. Olvidar la “libertad” que ofrecen los gringos a los países que han invadido, sería una falta de Humanidad.
Pensar que las políticas de Maduro eran las mejores, sería justificar la pobreza en la que viven cientos venezolanos como David. La soberanía de los países está en juego, no hay duda. Debemos defenderla, no hay duda. Debemos generar cambios reales, no hay duda.
Pero seamos honestos, ni a Maduro, ni Trump les importa el hambre de David y de su pequeña hija.
Así que, si me preguntan de qué lado estoy, responderé que estoy con David.


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