¿Refundar la UAEMéx? Los caminos del movimiento estudiantil

“Quien no puede recordar su historia está condenado a repetirla”, señala una frase del filósofo Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana, que sirve de buen punto de partida para analizar lo que acontece en la Universidad Autónoma del Estado de México y el movimiento estudiantil que está creciendo en los últimos días. Más aún cuando es en la Facultad de Humanidades, que agrupa las licenciaturas de Filosofía, Historia, Artes Teatrales, Ciencias de la Información Documental y Lengua y Literatura Hispánica, donde hoy se define —o no— el inicio de un paro.

Y es que en este plantel comenzó hace cinco años la discusión sobre los procesos democráticos en la universidad, cuando su comunidad definió iniciar un paro de labores en rechazo al proceso de elección de consejeros que se estaba desarrollando con irregularidades, inconformidad sumada a la violencia de género que se vivía en la universidad y que tenía el contexto del paro acordado en la Facultad de Ciencias de la Conducta y la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.

En aquel movimiento, la Asamblea General Universitaria que adquirió el nombre de Comité Coordinador de Lucha (una instancia que aglutina la representación de las asambleas de cada organismo o plantel) se encontró con un debate que limitó el desarrollo del movimiento y que hoy nuevamente se empieza a hacer presente: la conformación de un pliego petitorio general y los pliegos específicos por plantel.

En 2020, Las autoridades, al verse rebasadas con el inicio de los paros y el fortalecimiento de las asambleas, habrían empujado una labor de desprestigio y ataque para romper dichos paros, para ello también se denunció la existencia de un trabajo interno para resquebrajar la unidad de la Asamblea Universitaria, querían evitar que los estudiantes de los distintos planteles unificaran sus demandas en un único pliego, especialmente en un aspecto fundamental: el de la democratización, pues implicaba modificaciones estructurales en el estatuto universitario.

Las autoridades lograron su cometido archivando el pliego de la Asamblea General Universitaria y argumentando que el problema de la violencia de género se resolvía en procedimientos administrativos, dejaron de lado la problemática estructural en la que académicos y directivos –principalmente– acumulan el suficiente poder para de manera impune acosar y violentar universitarias. También convencieron a los estudiantes de que sus problemas se resolvían con algunas mejoras en la infraestructura y nuevas promesas que poco a poco se diluyeron sin que la estructura que había llevado a la inconformidad generalizada se modificara.

Han pasado cinco años de aquella experiencia que ha seguido impactando en la universidad, basta ver el intento de presentar a candidatas mujeres para convencer a los universitarios de que ahora sí hay cambios en la institución. Sin embargo, poco a poco, la guerra sucia entre las aspirantes y los grupos de poder ha desenmascarado la continuidad que representan las candidatas a rectoría: todas han sido parte de la estructura que hoy critican y que tanto daño le ha hecho a la UAEMéx; su propia participación en un proceso deslegitimado, mientras el movimiento estudiantil en rechazo crece, pone ya en duda su genuino interés por cambiar algo en la institución.

Ahora, en este contexto, las asambleas estudiantiles discuten su pliego petitorio y se enfrentan a la misma disyuntiva de 2020, ¿cómo construir su pliego petitorio?, en un contexto en el que lo que menos quieren las autoridades es que logren unirse en un solo reclamo antes del 14 de mayo, cuando esperan que concluya el proceso de elección.

Desde el lado de la guerra sucia la apuesta del grupo dominante en la universidad es legitimar a Eréndira Fierro Moreno, su oposición, por el contrario, busca que el movimiento estudiantil eche abajo a esta candidata, para que una representante de su grupo de poder salga triunfante y abra una salida maquillada a la inconformidad.

Del lado del movimiento estudiantil las asambleas tendrán que revisar ¿qué demandar, cómo hacerlo y en qué momento? para no caer en el juego de los grupos de poder. Ahí cobra relevancia la demanda incumplida del 2020 de la democratización, es decir el voto universal, para la elección de rector y directivos, así como el establecimiento de las asambleas universitarias como forma de gobierno. Ese cambio traería toda una refundación de la institución, pues el ejercicio del presupuesto, planes de estudio, la gratuidad, el recorte de salarios, la erradicación de la violencia de género y todas las demandas de cada plantel encontrarían una salida real.

Y es que el resto de demandas específicas de cada plantel, así como las de gratuidad, comedores comunitarios, libre ingreso, etc. no pueden ser atendidas sin que antes la comunidad universitaria tenga una rectoría y una estructura de representantes legítima que brinde salida a todas estas exigencias, ¿lograran entonces los paros, asambleas, colectivos y comités unificarse en la lucha por la democratización? ¿Este movimiento finalmente logrará concretar las demandas que los estudiantes han levantado desde 1976?

Por lo pronto hoy la historia y los caminos del movimiento estudiantil nos hablan de la necesidad de refundar la UAEMéx.

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