8M, un día de ira e indignación que es necesario continuar

Parece que la ira y la indignación son los comunes denominadores de esta marcha, porque si bien son las del denominado bloque negro quienes quitan las vallas frente al palacio de gobierno, quienes lanzan botellas de plástico con agua o pintura a los y las policías y quienes se enfrentan a los disparos de extintor son todas, todas, las que gritan en contra de los feminicidios, las que exigen justicia y las que avanzan con múltiples carteles en contra del abuso, de la injusticia y del sistema patriarcal que pone en riesgo la vida y la integridad de las mujeres.

Este sábado 8 de marzo, miles de mujeres volvieron a tomar las calles de Toluca porque las condiciones que generan esta marcha no sólo no se han resuelto, sino que se han recrudecido; en los últimos meses del 2024, los cuerpos sin vida de al menos cuatro mujeres fueron hallados con huellas de violencia en Toluca. Los casos de abuso y de violación continúan y la exigencia de justicia no ha sido escuchada. En el Estado de México, casos específicos e infortunadamente representativos como el de la niña Fátima Varinia –en el que el feminicida fue beneficiado con un amparo el pasado diciembre para revisar si su condena puede ser reducida– dan cuenta de un sistema judicial ineficiente.

En el transcurso de la marcha hay mujeres que escriben en las paredes de los portales el nombre de sus violentadores, mujeres que llevan a sus hijos e hijas pequeños, mujeres que van en silla de ruedas o con muletas, mujeres mayores y jóvenes, una vendedora con un cartel en contra de la violencia, una cuadrilla que llena las paredes de grabados feministas. Los familiares y víctimas de la violencia encabezan la marcha, justo detrás de la batukada.

La ira puede ser silenciosa y manifestarse en una cartulina, pero también se percibe en las consignas o en los puños levantados, en los rostros de mujeres que salen de sus puestos de trabajo para mostrar un cartel a las que van pasando, en el semblante de la que carga una manta enorme con una ficha de desaparición, en las que llevan a sus hijas o hijos en los hombros y hasta en la mujer que mueve la cabeza negativamente al ver que caen rotos los cristales de un banco o de una telefónica.

La ira y la impotencia tienen diversas formas de manifestarse, pero indudablemente, quienes asisten a esta manifestación la han sentido de diversas maneras: una perdió a su hija, otra a su amiga, alguna más a su madre; otras han sido abusadas o acosadas por sus jefes o por algún familiar. Las causas que generan la participación se generalizan porque cada vez están más cerca, al alcance de una nota en las redes sociales. Las cifras de abuso, violencia y acoso no siempre se contabilizan porque no siempre hay una denuncia, pero todas –aunque los modos de luchar o de manifestarse sean distintos– conocen más de un caso.

La ira y la indignación se presentan también al mirar la manera en que los edificios están blindados, un despliegue de recursos materiales, humanos y económicos (que no se usa para vigilancia o protección a las mujeres) se realiza incluso antes de la marcha. El grito de una de las manifestantes “ojalá fuera iglesia para que me protegieran así” cobra sentido cuando decenas de policías “defienden” la catedral de algunas mujeres que, indignadas, iracundas, rompen una gastada bandera enorme de México que cubre las puertas exteriores de la catedral.

Frente al palacio de gobierno las vallas caen, porque el objetivo es llegar a los policías para enfrentarlos y para gritarles de cerca: “¿dónde estaban cuándo las mataron?”, para escupir la ira y la impotencia; frente al palacio el bloque negro se ve rebasado por otras mujeres que participan activamente en el reclamo.

Por la tarde, seguro, la pintura será borrada; los testimonios y las canciones volverán a las redes sociales y el reclamo volverá a circunscribirse al trabajo que muchas de las presentes hacen cotidianamente para conseguir justicia, para visibilizar la situación que se vive a favor del respeto a los derechos de las mujeres trabajadoras, de las amas de casa, en contra del acoso, del abuso sexual a niñas, al trabajo de organización, porque luego de 8M queda trabajo por hacer.

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